
Ansenuza: un modelo de turismo regenerativo entre memoria, biodiversidad y comunidad
A 180 kilómetros de Córdoba capital, la región de Ansenuza se posiciona como un caso ejemplar de reconversión turística basada en la sostenibilidad, la identidad local y la puesta en valor del patrimonio natural y cultural.
La presencia de la Laguna Mar Chiquita —uno de los humedales salinos más extensos de Sudamérica— ha moldeado durante décadas el paisaje, la historia y el desarrollo de las localidades que la rodean. Hoy, ese mismo entorno se convierte en motor de un nuevo modelo turístico que combina conservación ambiental, memoria colectiva y experiencias auténticas.
La Para, Miramar y Marull son tres ejemplos de cómo las comunidades han sabido resignificar su pasado para integrarlo a una propuesta turística con identidad. En La Para, el legado del mítico Hotel Savoy —un balneario de lujo de principios del siglo XX— revive en el museo local y en los restos visibles entre juncales y flamencos. Miramar, tras la devastadora creciente de 1977, reconstruyó su identidad y hoy ofrece un recorrido emocional por ruinas emergidas, íconos como el Gran Hotel Viena y atardeceres que tiñen de rosa la memoria. Marull, por su parte, apuesta al turismo activo y de naturaleza, con propuestas como kayak, avistaje de aves y gastronomía artesanal.
La creación del Parque Nacional Ansenuza y la apertura de centros de interpretación han sido claves para consolidar un enfoque de turismo regenerativo, donde la biodiversidad, la educación ambiental y la participación comunitaria son pilares del desarrollo

Ansenuza no solo atrae por su belleza natural, sino por su capacidad de contar historias, de invitar a una experiencia transformadora y de proyectarse como un destino que equilibra conservación y crecimiento. Un caso inspirador para repensar el turismo del interior argentino con mirada de futuro.